El ‘coche de los muertos’, una tradición que sigue muy viva en Murcia: “En los pueblos lo prefieren a las esquelas”


MURCIA. Sonaron las campanas por los difuntos. Hoy en día, lo que suena es el ‘coche de los muertos’, el vehículo encargado de recorrer los pueblos para anunciar los datos del fallecido y el tanatorio donde se encuentra. Al fin y al cabo, resulta la manera más sencilla de que todos los vecinos se enteren de la noticia y acudan al velatorio.

“Demasiado bien funciona el negocio” comienza Vicente Fernández, propietario de la empresa Noevic: “Ahora con la pandemia hemos tenido muchísimo trabajo”. Esta empresa, que trabaja para seis funerarias distintas con cuatro coches a su disposición, asegura que todos los días radian seis o siete muertos por los pueblos y las pedanías de la Región.

“NO TODO EL MUNDO LO PONE, HAY FAMILIAS A LAS QUE NO LES GUSTA QUE VAYAN DICIENDO POR EL PUEBLO QUIÉN HA FALLECIDO. SIN EMBARGO, EL 90% SÍ LO CONTRATAN

Así pues, nos encontramos ante un modelo de negocio que se encuentra más vivo que nunca porque la mayoría de las familias acaban contratando estos servicios para que los vecinos puedan acudir a velar al difunto. De hecho, algunos seguros incluso incluyen el pregón en sus pólizas. Para quien no lo tenga contratado previamente puede tener un coste aproximado de 100 euros.

“No todo el mundo lo pone, hay familias a las que no les gusta que vayan diciendo por el pueblo quién ha fallecido. Sin embargo, el 90% sí lo contratan“, aseguran desde el Tanatorio Murcia Centro.

En cualquier caso, se trata de un procedimiento bastante sencillo de contratar a través de la funeraria, pues ellos median con estas empresas de megafonía, que pasan a ponerse en contacto con la familia para saber los datos del velatorio, la misa, el nombre “y el apodo que tienen, porque en los pueblos se conocen todos por el apodo para que la gente sepa de quién es”, aclara Vicente.

La voz de toda Murcia

El siguiente paso antes de comenzar con el desfile consiste en grabar la cinta, para lo que cuentan con la colaboración de ‘la voz de toda Murcia’. Conocida entre sus allegados como Juani Espinosa, esta mujer es la encargada de grabar los mensajes que más tarde serán reproducidos de la mano de Noevic, con lo que su voz ya forma parte de todos los hogares desde Las Torres de Cotillas hasta El Raal.

Así pues, una vez completada la preparación comienza la emoción de recorrer el pueblo de punta a punta con el coche en primera para que se escuche bien el mensaje, una carrera para la que no todos están preparados. “A veces vamos incluso en punto muerto”, presume Vicente: “Yo llevo ya 35 años trabajando en esto y los riñones y las piernas se hacen notar, pero al final te acostumbras”.

No interrumpir la siesta como política de empresa

Respecto a la ruta, asegura que intentan acabar antes de la una y empezar después de las cuatro para no interrumpir la siesta, pero comenta que incluso así hay quien sale al balcón a vocear que se larguen. En cualquier caso, ellos siempre recorren el pueblo entero, lo que suele requerir aproximadamente dos horas, aunque con poblaciones como Alcantarilla se tardan más de tres.

En la ciudad de Murcia, en cambio, este tipo de empresas tienen vetada la entrada por la ordenanza contra los ruidos. De esta forma, los ‘coches de los muertos’ asumirían una multa que abarca desde los 90 hasta los 400 euros por “utilizar en zonas públicas megafonía con fines de propaganda o reclamo”.

Además de anunciar los fallecimientos, el negocio también se sustenta de la publicidad que incluyen los pequeños comercios e incluso de hacer campaña política cada vez que llegan elecciones. Asimismo, Noevic trabaja frecuentemente para los ayuntamientos de la zona, incluido el de Murcia.

OTRA DE LAS SORPRESAS QUE SUELEN ENCONTRARSE LLEGA EN FORMA DE HUEVO DIRECTAMENTE AL CAPÓ DE SU COCHE

Sin embargo, no recomienda introducir más gente en el negocio porque “es muy difícil entrar. Las funerarias no trabajan con cualquiera”. También explica que se trata de un trabajo muy esclavo, pues hay que dedicarle todos los días de la semana, incluidos sábado y domingo: “Días de fiesta tenemos pocos”.

De todas formas, Vicente prefiere centrarse en la parte positiva de su profesión: “Merece la pena porque ganamos un duro y le damos de comer a la gente”. Además, asegura que siempre hay algo nuevo en cada viaje, como los motes que tiene que radiar. En concreto, recuerda haber tenido que recorrer una pedanía radiando a una persona que apodaban “El Pollafloja”.

Otra de las sorpresas que suelen encontrarse llega en forma de huevo directamente al capó de su coche, cuando no es un cubo de agua o que llueve e incluso algún mechero: “Esto es así, este trabajo es así”.