Seis días buscando el cuerpo de su marido y “aparece sin certificado de defunción”: el caos mortuorio de Madrid

“Después de años pagando un seguro de deceso para mi marido, José Antonio, y después de seis días esperando que nos llamaran, buscando el cuerpo, ya me cansé y llamé al hijo de una amiga, que era el que me había dirigido a contratar ese seguro. Él se puso a llamar, y lo que no conseguía Santa Lucía, que no nos hacían ni caso, lo consiguió al final él”.

Continúa María Antonia: “Me dijeron que el cuerpo estaba en el tanatorio de Parla. Llamamos allí, y por suerte una chica muy maja nos dijo que allí no, y se puso a llamar a otros tanatorios. Al final encontró a mi marido en el de Móstoles. Llamo allí, y me dicen que ha llegado sin certificado de defunción. ¡No tenía ni certificado de defunción! ¿Cómo sabían que es el cuerpo de él?”.

Esta es la España asolada por el coronavirus: un país en el que un cadáver se pierde por espacio de una semana, y ya ni siquiera es noticia. En los últimos cinco días, este diario ha informado de semejante situación en al menos dos casos,ambos en la Comunidad de Madrid, que ha estado una semana produciendo a razón de 300 cadáveres de media al día.

Aquí se presenta un nuevo caso: el de José Antonio Ortega, de 65 años, fallecido en el Infanta Leonor y perdido desde el 23 al 29 de marzo, cuando su mujer lo localiza en Móstoles. “Y eso que pagamos a Santa Lucía 136 euros cada tres meses por su seguro de deceso y el de mi hijo. Son unos sinvergüenzas y esto no va a quedar así”, dice su mujer, María Antonia, a este diario.

“Pero no sólo es que perdieron el cadáver y estuvieron cinco días sin darnos noticia de él”, explicaba la mujer a EL MUNDO este martes, 31: “Es que desde entonces, desde que murió, e incluso habiéndolo localizado nosotros el cuerpo,ellos ni siquiera nos han llamado para comunicarnos nada! Es increíble”.

Fuentes de Santa Lucía han explicado a este diario que la demanda en estos días está siendo “desbordante”. “Sentimos mucho lo que ha pasado. Hemos triplicado plantilla y estamos trabajando 24 horas para responder, pero nos hemos visto desbordados al igual que los hospitales”. Según datos que la propia compañía ofrece a EL MUNDO, unos 2.400 de los más de 8.000 muertos causados en España por el coronavirus son asegurados suyos o de su subsello Albia.

“LES DIGO SI ME HACEN LA PRUEBA Y DICEN QUE NO”

La historia del fallecimiento y posterior pérdida de José Antonio arranca el 11 de marzo pasado, cuando es ingresado y aislado en el Infanta Leonor de Madrid. “Le hacen el test y da positivo, y yo les digo que llevo cinco días cuidándolo en casa codo con codo, que si me lo hacen a mí. Me dicen que no, que me vaya a casa, y a casa me voy”, explica la mujer.

La familia consigue que el hombre tenga a mano un teléfono, “y así estuve durante 11 días, desde ahí hasta el 22 de marzo, haciendo ‘facetime’ con él todos los días. El último que hice fue el 22 de marzo”, narra María Antonia. “Ahí él ya no podía comer, y le dije: ‘Pues come un yogur, o una compota de manzana'”.

Ese mismo día por la noche, en una escena que se repite estos días insoportablemente en los hospitales españoles y de todo el mundo, José Antonio iba quedándose sin oxígeno por el coronavirus iba impidiendo a sus pulmones bombear. “Me llamaron a las 23.30 horas y me dijeron que si me quería despedirme de mi marido. Cogí un taxi y me fui al hospital con mi hijo, y con una mascarilla”.

“Al llegar, entro con la mascarilla puesta y él veo que se está muriendo. Le empecé a tocar. Le toqué las manos, la cara, el pecho, las piernas… Iba viendo cómo se quedaba pajarito. Al cabo de una hora apareció una enfermera, que me preguntó que qué estaba haciendo. ‘Pues tocando a mi marido, que se está muriendo, ¿no lo ve? Tengo derecho de despedirme de él, y ya veré luego cómo me protejo yo’, le dije”, explica la mujer.

A las 2.00 horas se fue a su casa, obligada. “Se murió al día siguiente a las 17.00 horas, la doctora llamó para explicárnoslo. Entonces pregunte qué tenía que hacer. Me preguntaron si había un seguro de decesos, les dije que sí. ‘Pues llame a su compañía’. Llamo a Santa Lucía. Me piden que les pase los datos al móvil, me dicen que nos llamarán. Vale. Luego nos llaman del Infanta Leonor. Que han venido a buscar el cuerpo de mi marido, Albia, que es una empresa de Santa Lucía, y que lo llevan a un velatorio en Villarreal. Digo: ‘Pero, ¿cómo?’. Llamo a Santa Lucia, que me dice que lo llevan al Tanatorio Sur”.

“MURIÓ HACE OCHO DÍAS Y AÚN NO HAN LLAMADO”

Pasa un día. Pasa otro día. María Antonia llama a Santa Lucía y al hospital, sin respuesta. Siguen las llamadas. No hay respuesta. “A final, tuve que recurrir al hijo de mi amiga, y ahí, poco a poco, conseguimos algo… Es tremendo que se olviden de ti así, que ni siquiera te den noticia del tema. ¡Vamos, que hoy han pasado ocho días desde que murió y ni me han llamado estos sinvergüenzas!”, termina María Antonia.

Este caso, como el de la semana pasada de otro cadáver que estuvo cinco días desaparecido, o el de Juan Pedro Morán, desaparecido hace siete días, son sólo algunos ejemplos. El pasado fin de semana estuvieron buscando por todo Madrid a un paciente fallecido en el hospital Gómez Ulla, hasta que descubrieron que seguía… en el Gómez Ulla.

Según distintas fuentes cercanas a los servicios funerarios, se han producido ya decenas de casos similares. “El otro día un compañero se fue a por cinco cadáveres al Palacio de Hielo. Volvió con uno, porque los demás no estaban”, explicaba una de ellas.

Parte del problema, explican, es que Sanidad Mortuoria de la Comunidad de Madrid, que está coordinando las recogidas, no mantiene informados a militares y funerarias en tiempo real sobre las distintas recogidas de cadáveres. En los principales hospitales madrileños, como ya publicó la semana pasada este periódico, se agolpan entre 15 y 20 cadáveres todos los días, cuando no más. “Pero no se ha decidido que en cada hospital recojan sólo los militares o sólo las funerarias, y por eso se producen las confusiones”, añaden las mismas fuentes.

DESCOORDINACIÓN EN TORNO A SANIDAD MORTUORIA

En otras ocasiones, las funerarias contratadas llaman a Sanidad Mortuoria para saber dónde está el fallecido que deben recoger, pero no consiguen encontrarlo porque les dicen que los militares ya lo han llevado al Palacio de Hielo cuando aún no ha ocurrido. Según estas fuentes, es ya casi algo habitual que una funeraria vaya al Palacio de Hielo para buscar un finado y les digan que no está, o que sí está pero no está allí el certificado médico de defunción, por lo que es imposible enterrarlo o incinerarlo hasta que aparezca.

A esta confusión, explican esta fuentes, se suma la presión que tienen las residencias desde hace unos días, cuando recibieron una instrucción de la Comunidad de Madrid que les obliga a enviar un email si en seis horas no ha pasado una funeraria a recoger a un anciano fallecido.

“Si no nos hubieran reclamado nueve furgones y el mismo número de conductores [para evitar la foto como en Italia de camiones militares sacando muertos], si supiéramos dónde tienen nuestros muertos, dónde están sus papeles, si desde el primer día no hubieran obligado a retirar los fallecidos en un saco doble estanco que no existe en el mercado… Si antes de darnos la alternativa de recoger los cadáveres en sacos de zinc hubieran tenido en cuenta que sólo se fabricaban 100 al día para toda España, si hubieran establecido mucho antes tratar a todos los cadáveres por igual y se hubieran prohibido antes los velatorios [que han causado un 20% de bajas en empleados y cierre de funerarias]… Si nos hubieran preguntado a los profesionales cómo manejar esta situación, posiblemente podríamos trasladar los fallecidos en tiempo y forma”, concluye uno de estos funerarios, consultado por EL MUNDO.